• Sergio Agueitos

Reilusionarnos


Lejos parecen quedar aquellos años en que la gente se había desprendido de todo miedo y llenaban plazas para hablar de sus problemas. Eran momentos de recuperar el espacio público, de compartir, de reconocernos como iguales; momentos en que la fuerza colectiva puso encima de la mesa los grandes temas pendientes de la democracia.

Ley electoral, regulación de hipotecas y desahucios, lucha contra el fraude fiscal, flexibilización de las iniciativas legislativas populares, eliminación de puertas giratorias y de Diputaciones... En definitiva, mejorar la democracia para asegurar que las políticas respondiesen a las necesidades e intereses de la población. Se reconocía, por tanto, que reformar el sistema político era premisa necesaria para mejorar nuestras condiciones de vida.

Ahora bien, ¿cuáles de todos estos temas se abordaron satisfactoriamente? Ninguno. Por ejemplo, en lugar de incrementar inspectores en Hacienda, se aprobó una amnistía fiscal (ahora declarada inconstitucional); o una ley mordaza que limitaba derechos y nos hacía caminar hacia un Estado policial. Por tanto, ¿qué ha pasado para que dejemos de exigir estos cambios?

Las elecciones municipales y autonómicas fueron un estallido de ilusión y una prueba de que la gente de a pie podía protagonizar un cambio en las políticas. Esa nueva etapa, cierto es, quedó frustrada en parte por la falta de diálogo y de voluntad política para llegar a un acuerdo que sacase a Rajoy del Gobierno central. Como se dijo en aquel momento, "en ese pecado llevaremos todos la penitencia". Y así ha sido: más allá de solventar problemas, M. Rajoy sólo ha hecho que agravarlos.

Respecto a los gobiernos municipales, no nos contaron que, probablemente, encontraríamos ejemplos para todo y que, si la política la hacen las personas (con sus defectos, sus inseguridades, sus paranoias, sus necesidades, sus egos...), no todo sería perfecto e idílico. También es cierto que los más optimistas no esperábamos escenarios tan aberrantes como el del alcalde de Alicante. Muchos nos sentimos de alguna manera decepcionados. Aun así, si recordamos que antes de 2015 las políticas municipales (en su mayoría) eran puro clientelismo y recortes en políticas sociales e inversiones, y eso cuando no nos levantábamos con un caso de corrupción. Ahora, a pesar de críticas y dificultades, gobiernos como el de Valencia, el de Castellón o el de Madrid son gobiernos que dignifican la política y trabajan por una sociedad más cohesionada y respetuosa con el entorno. Este éxito es precisamente lo que ha puesto en alerta al Gobierno de España. Gobiernos progresistas que demuestran que se puede gestionar mejor que la derecha sin renunciar al bienestar social son una amenaza para los mediocres que viven del mito de que "la derecha atrae al dinero" o que "la derecha gestiona mejor". ¿Os acordáis del "relaxing cup of café con leche"? Pues eso.

Creo que si todos hacemos un esfuerzo por mirar atrás, nos daremos cuenta de que hemos avanzado, que se han cometido errores, pero que en nuestras manos está impulsar un nuevo cambio: recuperar la ilusión, pero no desde la inocencia de creer que un cambio tan grande se puede conseguir de la noche a la mañana, sino desde la conciencia de que la lucha es larga y que lo que cuenta es progresar sin retroceder.

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